Francisco Javier Expósito Lorenzo | Escritor, poeta y periodista

Blog Almario de palabras

Juan M. de Prada

Juan Manuel Prada

Más alto que el aire es una rareza literaria; o, dicho más propiamente, un escándalo literario. Javier Expósito se atreve a escribir de las cosas que causan pudor en nuestra época.

 

 

¿Y qué es “más alto que el aire”?, podría preguntarse el lector, antes de engolfarse en la lectura de este espléndido libro de Javier Expósito Lorenzo. Enseguida piensa uno en Dios, o en los espíritus celestes, o en cualquier paraje de bienaventuranza escondido más allá de las nubes. Lo sobrenatural está presente en el libro de nuestro autor, desde luego; pero resulta mucho más llamativa la presencia de lo estrictamente natural. Porque Más alto que el aire es un libro que nos reconcilia con la naturaleza humana, que sólo es plena cuando acepta que es también espíritu: no un espíritu en pugna y confrontación con la carne, que vive en sus adentros como en una cárcel, aherrojado por mil cadenas, sino un espíritu que vibra con la carne y la enaltece y con ella, juntamente, vive una aventura prodigiosa, inflamándose hasta tornarse llama.

Más alto que el aire es una rareza literaria; o, dicho más propiamente, un escándalo literario. Javier Expósito se atreve a escribir de las cosas que causan pudor en nuestra época; y lo hace sin tapujos, sin circunloquios, sin aderezos confundidores. Con una escritura límpida, despojada, casi aterida, pero a la vez llena de tensión estilística y millonaria en imágenes. En Más alto que el aire Javier Expósito nos habla de la vocación primordial del ser humano, que es una vocación espiritual de ascenso, una necesidad de elevarse sobre el ruido, hacia un horizonte donde el alma se torna pájaro o llama. ¿Y esto no es escapismo?, podría preguntarse algún lector todavía renuente. En modo alguno, pues la aventura que Javier Expósito nos propone es exactamente la contraria: algo así como una reintegración de lo humano que nos ha sido arrebatado, una revelación de lo que verdaderamente somos, de las posibilidades infinitas de nuestra alma, que yacen enterradas dentro de nosotros, sepultadas por sucesivas capas de miedo y conformismo.

En esta propuesta literaria tan sugestiva, Javier Expósito bebe, por supuesto, de las grandes tradiciones de literatura ascética, sapiencial y mística; pero hay en él una originalidad palpitante que logra transfigurar todo este caudal de influencias, fundiéndolo en una amalgama que renueva los paisajes del alma e interpela al hombre de nuestra época, desgarrado en su intimidad más verdadera, condenado a sobrellevar una vida angosta, amputada, apenas un remedo de vida. Claro que, para alcanzar otra vida más plena, Javier Expósito propone exactamente lo contrario que nuestra época postula: a la plenitud –sostiene nuestro autor-- no se llega a través de la posesión, sino de la donación; y en ese proceso de paulatino despojamiento, a medida que nos vamos liberando de lastres que embotaban y anestesiaban nuestro ser más verdadero, se expanden y renuevan los horizontes de nuestro espíritu.

En esta suerte de catarsis interior, que Javier Expósito va mostrando al lector muy pudorosamente, con una alegría apretada y humilde, se llega a una estación final, que es el triunfo del amor. Aquí Más alto que el aire adopta un tono exultante, de un júbilo que no nace de la euforia de las pasiones sino de la cabal comprensión de nuestra naturaleza: sólo quien ama puede ser completamente humano, nos enseña Javier Expósito; y como sólo se puede a amar cuando se tiene conciencia de estar recibiendo y entregando un don, el amor que abrasa las páginas de este libro es un amor anhelante por fundirse con la persona amada, con el mundo amado, con el cielo amado, en un abrazo que rodea “cada partícula de lo cotidiano”.

Hacía mucho tiempo que no leíamos un libro de una intensidad tan acendrada; y lo más sorprendente es que esa intensidad no la logra Javier Expósito encaramándose al pedestal de lo sublime o lo inefable, sino contemplando –amando-- las cosas menudas de la vida, esas virutas del taller del carpintero con las que sólo el escritor de ley sabe hacer alta literatura. Como Azorín, Javier Expósito ha entendido que en los “primores de lo vulgar” se esconde la explicación del universo; y así su literatura, de una sencillez casi franciscana, acierta a arrojar desde lo cotidiano una luz no usada –una luz siempre discreta, siempre matizada, con irisaciones de estremecida y conmovedora belleza— que alcanza a iluminar los pasadizos más laberínticos de nuestra vida interior, y también la vasta noche que se extiende a las afueras, allá donde aletea el misterio.

Más alto que el aire es un libro precioso, por raro y por bello, de una intrepidez que, en efecto, resulta escandalosa -casi suicida- en una época en la que la literatura, como todas las expresiones del espíritu humano, parece haberse resignado a perecer asfixiada en un traje -más bien una mortaja- de convencionalismos y fórmulas establecidas. Por fortuna, Javier Expósito no admite trajes que opriman la respiración de su escritura, que parece nacida para alzar el vuelo, como un alma incandescente o una luciérnaga en plena danza nupcial. Incandescente y nupcial son dos epítetos que describen perfectamente este libro asombroso, pues en él la palabra fulgura, ansiosa de entregarse.

Y ahora, querido lector, no sé a qué esperas para aceptar esa entrega.

JUAN MANUEL DE PRADA
Madrid, septiembre de 2013

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