Francisco Javier Expósito Lorenzo | Escritor, poeta y periodista

Blog Almario de palabras

Pablo D'Ors

pablo ors

Recomiendo vivamente la compra y lectura de este libro, que es algo así como un testimonio de la confianza en tiempos de escepticismo, una apuesta por la esperanza en tiempos de cinismo.

 

 

No puedo decir que no vengo aquí como escritor, porque un escritor va siempre con su alma de escritor consigo. Pero vengo en calidad de algo más importante que la escritura: la amistad. Javier Expósito es mi amigo, me ha pedido que presente su Más alto que el aire y, evidentemente, no he querido decepcionarle.

Debo decir, en todo caso, que este no es un simple deber de amistad, sino un placer -cómo calificarlo-… espiritual. Espiritual es la palabra adecuada, pues este Breviario para el alma que nos ha convocado aquí es, como el propio subtítulo indica, una pieza literaria de carácter netamente espiritual y hasta me atrevería a calificarlo de mística. Esta cualidad hace que no esté aquí en simple calidad de amigo y de escritor, sino de buscador. Como Javier, también yo soy un buscador. Y como él, con mejor o peor fortuna, escribo sobre mis búsquedas y hallazgos. Vaya esto como monición de entrada, puesto que todos mis comentarios van a discurrir por esta senda, que es la que el libro abre.

Hay tres tipos de escritor: los que creen que el mundo y el hombre tienen solución y, en ese sentido, mantienen la esperanza (y ahí estaría Dostoievski, por ejemplo, pero también Bernanos, Chesterton, Mauriac o Saint Exupèry); los que están desesperados (y ahí están casi todos, desde Kafka hasta Bernhard, pasando por Pessoa, Levi o Pavese) y, en fin, que es lo que más abunda hoy, los que ni esperan ni desesperan, sino que entienden la literatura como un juego, de modo que juegan a esperar o a desesperar (y ahí estaría, por ejemplo, Umberto Eco y, en nuestras lides, Vila-Matas. Ni qué decir tiene que Javier Expósito forma parte de los primeros. He aquí un hombre que cree en la luz y, lo que es todavía más insólito, que lo dice. Ya sólo esto, creer en la luz y testimoniarlo, es todo un acontecimiento. Estamos de fiesta. Hay alguien que no presenta su libro como un bucear implacable y sin concesiones en el corazón de las tinieblas, qu es como todo el mundo presenta hoy sus novelas, sino como un esbozo de sus encuentros con la luz.

En ese sentido, la literatura de Javier se emparenta con la de escritores como Emerson y, sobre todo, Whalt Whiman, y en este libro hay páginas donde se demuestra hasta qué punto es él deudor de este trascendentalismo, sobre todo por la vía de la exaltación de la naturaleza.

Javier Expósito -creo poder decirlo- no escribe por escribir, sino por una pasión que late dentro de él y que, según intuyo, puede llevarle muy lejos, mucho más lejos aún de lo que estas prosas poéticas dejan entrever: la pasión contemplativa. ¿Y eso qué quiere decir?, podemos preguntarnos. De eso quiero hablaros aquí, siempre al hilo de Más alto que el aire: una invitación a volar, sí, pero sin dejar de enraizarnos, que esa es su grandeza.

Pasión contemplativa significa que este libro nace de un ejercicio continuado de conciencia y, más que eso, de obediencia a la conciencia, lo que casi es lo máximo que se puede decir. No hay ni una prosa de las que constituyen este pequeño libro que no haya nacido, según me ha parecido ver, de la atención amorosa a la realidad. Y ya sabemos todos lo que decía la gran Simone Weil, que Javier ha debido tomar como musa inspiradora: que amor y atención son la misma cosa, que no amamos sino a lo que estamos atentos.

En ese sentido, lo que estas páginas ofrecen no es pura vitalidad, como suele suceder en la literatura contemporánea, al menos en la española, no puro frenesí, desesperado y, obviamente, vacío, sino vida, simplemente vida: si estas páginas se leen sin prejuicios de ninguna clase, eso se es lo que se descubrirá, y eso es lo que emociona. Porque eso es lo que la literatura debe ser: una condensación de la vida.

Más alto que el aire no es un libro de ficción, sino algo parecido a un ensayo. Pero no un ensayo intelectual, sino sapiencial, esa es la palabra. La diferencia entre lo intelectual y lo sapiencial radica en que el intelectual intenta penetrar en la realidad, mientras que el sabio permite que la realidad entre en él. Estos textos parecen haber nacido de esta actitud laboriosamente pasiva: son frutos de una meditación.

Más alto que el aire no son textos en torno a esa nostalgia de plenitud que late en el corazón de los hombres que todavía no han degenerado en su condición humana. Es algo más: es un canto al anhelo que nos constituye y que es lo más hermoso de cuanto hay en el corazón de los hombres, tanto que los creyentes lo identificamos con Dios. Estos textos nacen de mirar ese anhelo. Todavía más: de habitar en él.

Pero no somos sólo verdad, belleza y bien. Y eso Javier lo sabe bien. Somos también codicia, ambición y vanidad. Codicia en el tener, ambición en el poder y vanidad en el ser. Y algo de esas sombras se apunta también en estas páginas; pero sólo como invitación a atravesarlas, no a quedarnos en ellas. Sólo para que el mundo sepa que se puede ser ingenuo y no tonto, que existe lo que podríamos llamar la lúcida ingenuidad, que no es otra cosa que la mística.
Si tuviera que resumir este libro en dos palabras diría “sabiduría” y “compasión”. Sabiduría porque la enseñanza básica que late tras estas prosas es, al menos en mi opinión, ésta: que no somos sin los demás ni sin el universo y que, en ese sentido, nuestra máxima aspiración es la unidad. Y compasión, en fin, porque no sólo hay aquí una voluntad explícita y declarada de ser de ayuda para quien quiera leer esta obra, sino algo así como un homenaje encendido a lo más cotidiano, a la belleza de lo elemental.

Terminaré mi intervención diciendo que recomiendo vivamente la compra y lectura de este libro, que es algo así como un testimonio de la confianza en tiempos de escepticismo, una apuesta por la esperanza en tiempos de cinismo.

Querido Javier, mi más calurosa enhorabuena porque has escrito un libro que no es simplemente mental -un conjunto de ideas-, sino cordial -un buen compendio de sentimientos- y, sobre todo, carnal, en el sentido que lo que se te ha revelado se ha hecho carne de tu carne y has tenido la generosidad de escribirlo y regalárnoslo. Muchas gracias.

PABLO D'ORS (Buscador de la Montaña)
Madrid, 19 de noviembre de 2013

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar