Francisco Javier Expósito Lorenzo | Escritor, poeta y periodista

Blog Almario de palabras

De palos y zanahorias

- Amigo, estoy harto, harto de currarme...cuando no es esto, es lo otro, y cuando no lo     otro, lo uno...¿qué pasa?, parece la fábula del pobre Job, ¡joder!, palo y palo, y palo...       ¿dónde está la zanahoria?...

- Ah, ¿piensas que no hubo nunca zanahoria entre palo y palo?

- Bueno, ahora que lo dices, no sé, déjame pensar...cuando no tenía pasta descubrí que  la gente me quería más de lo que creía; cuando no encontraba alguien que me                 cuadrara el trabajo me iba de perlas o tenía una salud de hierro; cuando la cosa con mis padres renqueaba, no me faltaban amigos...y la salud, bueno, aún en los malos         momentos y algún percance, ha estado ahí...sí, supongo que si recapitulo he tenido         palos y más zanahorias de las que creo...

- Bien, lo que quieres decir es que siempre te faltaba algo, fuera de ti...

- Sí, ya te digo, era tener una cosa y faltarme algo de la otra, como si echara agua de un   cubo y se me vaciara de otro.

- Y si lo perdieras todo...¿y si no tuvieras nada de nada de pronto? ¿no acabarían así          todos tus problemas?

- Bueno, lo cierto es que no tendría mucho de qué decidir...

- Y quizá entonces, si te rindieses a no tener nada, si aunque no te hubiera pasado y         dios quiera que no te pase nunca, imaginaras que no tienes nada, y lo aceptaras               rendido, acabarían tus preocupaciones ¿no?...serías mucho más feliz porque no               buscarías ya nada si te rindes...

- No sé si lo entiendo, ¿por qué dices eso?

- Porque cada cosa que te llegara entonces sería la mayor de las alegrías, y cada regalo del cielo o de la tierra lo agradecerías como el mayor de los tesoros, y lo harías parte de ti, y dirías yo soy eso...y lo disfrutarías lleno de presente porque sabrías que igual que vino podría irse...

- Ya, quizá no me deba quejar tanto...hay tantos que no tienen nada, y son más                   dichosos...quisiera darme cuenta antes de no llegar a ver que no me queda nada. 

- Cuando te tienes a ti mismo, nada ya necesitas. La queja viene de tener y querer             retener lo que no es tuyo. Cuando tú eres todo, ya no quieres tener nada, y cuando no   quieres tener nada, ya lo eres todo.  Si te das cuenta de verdad, sin necesitarlo,                 entonces quizá, todo comience a darse, a abundarse, a acompañarte a lo largo de tu vida sin desmayo como si nada se hiciera con esfuerzo.

- Gracias amigo, gracias.